Mar
Desde antiguo, tres destinos obsesionan al hombre: cielo, infierno y mar. A los dos primeros los controla con supersticiones, mitologías y la ominosa historieta de lo póstumo. Sus propuestas no contemplan el mas acá. El mar sí. Viva uno en Potosí, en Córdoba o en Santiago del Estero, el mar siempre está en el imaginario de uno o al final de algün camino próximo.” Cuando alguien confiesa sentir “el llamado del mar” lo que siente es la voz de sí mismo pidiendo atención. Y allí partimos rápido a una playa para ver si damos con la llave perdida de la persona. Acto impensable en el filoso paisaje urbano en donde la espesura darwiniana obliga al toma y daca. Por mas que cavile y cave, nadie encontará su “uno mismo” debajo del Obelisco. Por eso, así como la primera obligación de un preso es la de huir, la primera de un terrícola es peregrinar hasta la boca del mar.Y hablarle. Arrodíllado en la arena desembuchar toda la tierra que nos irrita y duele. Cumplido este rito puede uno ser habitante del mar. Festivo como un delfín y humilde como un cornalito. Y con hábitos de la más alta civilización. La ciencia los tiene por inviduos más interesantes y ricos que un cualunque primate en Ferrari.
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