La calle es un espejo y nuestro turismo medieval levanta tenderetes en Florida. El Bosco, los dos Breughel y demás flamencos renacen aggiornados por el pincel de la globalización. Mimos, prestímanos, bailarines, rufianes, ruso destrozando Kalinika, mujer que sopla fuego, zíngaro timando, punguistas con dedos de seda, muñecas sugiriendo paraísos, ex yuppies recitando del Dante “Nessum maggior dolore…”, acordeonistas de Bucarest y el desocupado de turno que inmune al pringoso mediodía ajusta la gola y eleva un “Late un corazóoonnnn..” que atraviesa los siglos. No es cantor. Es profeta. “Déeeeejaaaalo latir…” (más alto todavía) Canta sin importarle nada. Desde el porvenir. Desde un país que vendrá. No lo escucha nadie. Pero canta.
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Marta Repupilli dijo: 14 Dic 2007 - 00:02
Una vez escuche que el mate no es una bebida, es un líquido y entra por la boca. Pero no es una bebida. En este país nadie toma mate porque tenga sed. Es más bien una costumbre, como rascarse. El mate es exactamente lo contrario que la televisión: te hace conversar si estás con alguien, y te hace pensar cuando estás solo.
Como el profeta, no canta para que lo escuchen, es mas bien una costumbre.
COSTUMBRES ARGENTINAS…