Desde siempre la tradición diagnosticó que «de poeta y de loco, todos tenemos un poco». Pero no queda claro porqué algunos son muchísimo más “locos” que otros y se pasan la vida trabajando gratis como vicarios de la locura y de la poesía públicas. Este es el servicio asistencial que los poetas le prestan a la sociedad. Y bien poco que los reconoce el mundo. Aunque pensándolo mejor no tienen nada que reclamar pues la misma función que cumplen los recompensa de sobra. Flipan, cantan, disparatan, celebran, crean, inventan y salen (y vuelven) del mundo, en formidables aparatos personales de volar con palabras. ¿Acaso necesitan más?.
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