Hoy por hoy, estar enterado de lo que pasa, o ignorarlo, no hace diferencia. Resulta más sanitario, más “filosófico” lo segundo. Me refiero, claro está, a los ecos, no a las voces de las cosas que pasan. Sacrificar ojos y oídos al último reclamo delirante de la realidad, es mala cosa. Pone la vida de punta. Dejar que la mala onda exterior resbale resguarda la soberanía del yo personal. Finalmente, la cápsula de uno es más grande que la del mundo. Es la de uno. Y hasta en medio de la angustia es posible darse luz propia. “Yo soy mi sobredosis” dice Allen. Sí,claro, Woody.
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Erika Morgado dijo: 4 Dic 2007 - 00:57
Exuberante comentario. Digno de ser citado en muchos lugares. Por lo pronto yo me quedó con este recuerdo en mi memoria. En hora buena.