La mesa es buen campo de muestra del divorcio generacional. En la variedad ya no está el gusto. Los hábitos alimentarios de los novísimos son de llorar. Desprecian el pescado, odian la acelga, discriminan al puerro y borran de su menú placeres como el apio blanco, el zapallito verde y ese regalo de los dioses, que es la rúcula. Se vive bajo el monopolio de la papa (frita) a la que algún aro de cebolla de compromiso y el tomate y la lechuga hacen de comparsas. Y muy poco más.. Así lo dispone la hamburguesa reina. Muy atrás resiste, con bajo perfil, el pancho. Y en tercer lugar el choripán, confiado en que finalmente lo telúrico prevalecerá. ¿Suena a broma? Lleve infantes a comer y los verá rechazar la carta y recitar al unísono su inenarrable jurásico plato único.
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Faco dijo: 5 Ene 2008 - 16:00
En la mesa también perdimos la guerra que comenzara tirando migas de pan. Ay, que si el Pocho y Cámpora viviesen, otro sería el guiso… Por la vuelta del puchero nacional y popular, amen.
Rubén dijo: 5 Ene 2008 - 18:23
Es duro para la generación del palabrista,convivir
con los hábitos alimentarios de la dorada juventud que nos pisa los talones, diría taimadamente, hacia nuestro lugar final.
Creo además, que los guisos, pastas caseras
y otros “rebusques culinarios” que nuestras madres tenían y con los cuales nos hicieron
crecer sanos, sin complejos vitamínicos, tal
vez con alguna botellita de Emulsión de Scott
como refuerzo! eran recursos de bolsillos flacos! Pero, no creen que eranmejores que los jurásicos?