Sherezade nos contó casi todo. Pero le faltó decir que un día llegaría el celular. Y ya está en nuestras manos. O al revés. Nunca un objeto sedujo tan rápido al bípedo implume. Lo lleva de la nariz. Y se está quedando con la época. El automóvil ratea por falta de energía. El avión todavía da miedo. La televisión entontece. Solo el celular llegó para incorporarse a la anatomía y estarse allí solícito como un riñón. Engañero que es. Asomó pajarita de papel y ahora es un perfecto Shuttle en miniatura. Puede lo que quiere. (Y por lo que se ve, lo quiere al Sapiens a sus pies).
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Emilio Díaz dijo: 1 Dic 2007 - 02:17
Ya no quedan Sapiens, somos apenas Homo.